Archivos para 'Asia Oriental' Categoría

Aldea de Tell Mardikh

Varios niños sirios frente a su hogar, una típica casa de adobe que forma parte de una aldea muy próxima a Tell Mardikh, y cuya forma recuerda a la de una colmena de abejas. El interior de uno de estos hogares, modesto, pero notable por la limpieza y el orden que caracterizan a los moradores de esta región. Tal vez esta misma aldea existiera en tiempos de Ebla, y su aspecto fuera muy parecido al que hoy tiene.

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Joa camp

JaoCamp combina la emoción del safari con el lujo placentero,
de madera de teca, de palo de rosa, lavabos de gres y un importante trabajo artesanal realizado por artesanos locales con materiales africanos y otras traídos expresamente de Bali. Y todo, repartido en 8 bungalows levantados sobre pilones y bajo la sombra de palmeras, al borde de una laguna donde se bañan los hipopótamos. Las suües se unen por puentes de madera exteriores que enlazan unas con otras, y que convergen en las salas comunes -comedor, biblioteca y una salita- decoradas con mesas y armarios de Indonesia, lanzas masai, taburetes de kuwa, canapés de cuero y mosquiteras de lino. Y todas abiertas a la jungla, a los nenúfares. En el exterior, una piscina en medio de un islote nos refrescará tras los safaris, y descansaremos en la boma, o en las grandes camas del exterior de las suües, protegidas por tejadillos de paja, y a un suspiro de los ñus, jirafas, elefantes y pájaros. A las 5,30 saldremos con el Land Rover a la selva, junto a un guía que no parará hasta que asimilemos el respeto que se le debe a la naturaleza.

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Lujo asiatico

Sólo la llegada ya es espectacular. Cuando después de dos días de viaje uno aterriza en la pista polvorienta, la vista se pierde entre lagunas y árboles. Al poco rato, y a través de la espesura de la selva, se pueden ver retazos de paredes de madera y algún tejado de ramas que desde el avión se divisaba perfectamente. Luego viene la delicio-
Fotos: Nicolás Mathéus (Stock Photo)
Los propietarios nos esperan en la puerta: una joven pareja que un día decidió montar un hotel de lujo en la selva. Un verdadero lujo asiático a base

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Guilin en China

Durante el vuelo empezamos a apreciar el paisaje que, con sus ríos y montañas es maravilloso. En chino, Guilin significa bosque (Un) de laurel (gui), por los árboles que hay de esta especie. Guilin es una ciudad pequeña ( 250.000 habitantes) y un importante núcleo cultural, ya que durante la guerra contra Japón, la ciudad fue refugio de intelectuales. Sin embargo, no tiene muchos monumentos históricos, y basa su atractivo y gran parte de su economía en su fantástico paisaje. En Guilin es inexcusable un crucero por el río Li (Lijiang). Durante los 83 km de travesía se admira el paisaje que baña la rivera del Li: montañas calcáreas casi verticales. A lo largo del recorrido se ven rocas que imitan figuras, y que los poetas chinos, expertos en semejanzas, han bautizado como “Mujer esperando al pescador”, “Dragones saltando al agua”, “Colina de los nueve caballos”, etc. Un aspecto interesante del crucero es la vida de los habitantes del río: pescadores con balsas de bambú, niños bañándose, cormoranes, mujeres lavando y los bueyes de agua, tan útiles para el campo. Al atardecer acaba el crucero en el pueblecito de Yansou, donde vale la pena pasear por los mercados que se despliegan al atardecer. Pero sin duda el principal atractivo de Guilin es su paisaje; la ciudad tiene numerosos lugares de gran interés, como la Colina de la Belleza Solitaria, con la Cueva de los Mil Budas (aunque sólo tiene 300). Entre ellos destaca uno mayor que el resto, al que trae suerte tocarle el ombligo. A la salida de esta cueva está la Cueva de la Perla del Dragón, menor que la anterior.
Luego merece la pena subir a la cumbre de la colina, ascendiendo 274 escalones, generalmente bajo un sol de justicia. Más al norte y bañada por el río Lijiang está la colina Fuposhan, con una campana y una gran olla donde, dicen, podrían comer mil chinos. Fuera de la ciudad está la Gruta de la Flauta de Caña (Ludiyan), una cueva caliza con estalactitas y estalagmitas de curiosas formas, por lo que recibe el nombre de “Palacio de las Artes Naturales”, aunque sólo la imaginación china puede bautizar las formaciones como “Ciempiés espantado al ver su imagen reflejada en un espejo” o “El palacio de la emperatriz”. En definitiva, un lugar para recordar que me dejó maravillado.

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