Las mil millas argentina en Bariloche
BARILOCHE
Las mil millas argentinas
Así se llama la carrera oriunda de Italia -Mille Miglia- y que en la actualidad se diferencia de otras competencias automovilísticas por ser una carrera de regularidad y no de velocidad. Esto quiere decir que no gana el que llegue primero sino el que cumpla con mayor exactitud las pruebas que se imponen a todos por igual. Las pruebas se dividen en dos tipos: “Control Primes” y “Pruebas de Promedio Impuesto”. Las primeras consisten en completar ciertas distancias establecidas en determinado tiempo con un margen de error a la centésima de segundo. Las segundas consisten en completar ciertas distancias realizando un promedio exacto de velocidad, también a la centésima de segundo. Además hay Controles Horarios que son como los Controles Prime pero más largos y Controles de Sello que son sólo eso, controles. Las Mil Millas argentinas tienen lugar en la ciudad de Bariloche. Mezclándose con uno de los paisajes más lindos del país, acá llegan autos procedentes de Alemania, Italia, Suecia, Bélgica y Estados Unidos, cuyos dueños buscan divertirse y conocer la zona con la excusa de correr la carrera o viceversa. La cuestión es que eran más de 200 los autos que por quinto año fueron traídos a estos parajes para demostrar que están hechos para rodar y no para quedarse en un garaje.
Como todos los años, los participantes -en este caso mi viejo y yo- llegamos a Bariloche el primer miércoles del pasado noviembre al mediodía. De entrada fuimos al Regimiento Militar donde estaban los autos que los camiones habían traído de Buenos Aires. De ahí partimos directamente al hotel Llao Llao -sede central de la carrera- donde se repartían las hojas de ruta y creo poder decir que es ahí donde empieza realmente la carrera y no en la largada como se cree.
Dividida en tres etapas, una cada día, la carrera suma un total de mil millas: alrededor de 1.600 km. Esta vez, la primera etapa correspondía al recorrido Llao Llao, Esquel, pasando por Leleque, El Bolsón y El Hoyo. Era plena primavera y las retamas explotaban de amarillo, contrastando con las nevadas tardías en los cerros. Además, la caravana de autos multicolor separados por 20 segundos exactamente imprimían una tonalidad muy especial y más bien rara a estos parajes patagónicos.
En las proximidades de Esquel nos recibió el pueblo entero, que estaba reunido en las calles para saludar a los autos y pedir autógrafos. La organización, realmente excelente, nos esperaba en el Regimiento de Esquel con una banda militar tocando una marcha a medida que iban llegando los autos. Los corderos al asador eran cientos y las empanadas caseras de primer plato amansaron el apetito. Almorzamos contra reloj. Retomamos la ruta nuevamente, atravesamos El Hoyo y El Bolsón. Seguimos la hoja de ruta para dirigirnos al Museo Leleque, donde tomamos el té acompañado por tortas caseras, café, té y gaseosas.
A la noche, ya de vuelta en Bariloche y agotados por los nervios, fuimos a comer al Llao Llao. De lujo. Entre participantes, organizadores, comisarios de la carrera, mecánicos, periodistas e invitados había alrededor de 650 personas sentadas.
Al día siguiente, todavía cansados, amanecimos a las 6:15. Nuestro auto, al ser el número 45, largaba a las 7 horas, 44 minutos y 40 segundos exactos. Inflamos las gomas, cargamos nafta y sincronizamos los relojes. El recorrido de ese día era Llao Llao, Confluencia, Junín de los Andes, San Martín de los Andes y vuelta por el mismo camino al hotel. Llegamos a San Martín donde subimos al cerro Chapelco para almorzar. Ahí nos entregaron los resultados del primer día de carrera justo antes de comer. Al momento estábamos 47, lo que fue un verdadero mérito teniendo en cuenta que nuestro Jaguar MK1 de 1955 no tiene handicap. Comimos nuevamente contra reloj, cargamos energías y seguimos viaje.
Bajamos el cerro, cruzamos la ciudad de San Martín, cargamos nafta, volvimos a Confluencia y seguimos hasta la ciudad “fantasma” de Alicurá donde nos esperaban con churros con dulce de leche recién hechos y café caliente. A eso de las 8:00 llegamos al hotel, nos bañamos, comimos, intercambiamos anécdotas del día y mi viejo se fue a dormir mientras yo revisaba la hoja de ruta del día siguiente. Derecho de piso, ¿no?
Nos levantamos nuevamente a las 6 y largamos con rumbo al hotel Termas de Puyehue en Chile, pasando por Confluencia y Traful. Ésta era la última etapa de la carrera y la más corta, ya que a la noche tenían que estar todos los resultados para la entrega de premios. Cruzamos la cordillera rodeados por la nieve en un paisaje inexplicable. El zumbido del Jaguar en las subidas nos transportaba a sus orígenes y las piedras del ripio acompañaban el encanto, aunque hay que admitir que agradecimos cuando cruzamos el límite y pisamos asfalto: así el auto dejaría de sufrir tanto.
Almorzamos mientras una llovizna, clásica para la zona en esta época del año, salpicaba los autos en el estacionamiento. Ahí entendimos realmente el mérito que tienen los que corren en autos sin techo, a merced del frío y del viento. Terminamos de almorzar y pasamos lo que sería la última prueba de las Mil Millas 2000, a escasos metros del Llao Llao. Habíamos pasado tres días aceleradísimos pero disfrutando a lo loco de cada momento, de cada paisaje, de cada revolución del auto, de cada manguerita. Entonces nos dimos cuenta de que “La Aventura V” había quedado atrás pero sabíamos que seguro el año siguiente estaríamos de vuelta.
Escrito por admin en Bariloche río negro



