Archivos para 'Costa Rica' Categoría

Jungla del tortuguero

Estas costas son lugares idóneos para el desove de las tortugas marinas verde, baula y carey. En temporada, guías autorizados posibilitan excursiones nocturnas para contemplar el desove. De súbito, uno de estos gigantescos que-lonios surge del mar entre el bravo oleaje, avanzando lentamente por la arena hasta el límite de la playa; allí, con sus aletas delanteras, cava un profundo hoyo donde depositará unos ochenta huevos, blancos y brillantes como pelotitas de ping-pong; luego tapa el agujero y regresa al océano dejando un característico rastro en la playa. Se trata, sin duda, de una experiencia fascinante, máxime cuando se goza de ella durante una noche de luna llena.
La canalización de los ríos y caños de Tortuguero abrió al viajero la posibilidad de disfrutar de un mundo natural sin parangón, deslumbrante: la placidez de las aguas, la exuberante vegetación, la fauna avistada -cocodrilos, tortugas, iguanas, monos, tucanes e infinidad de otras aves-; en fin, todo un conjunto natural que sobrecoge el espíritu y se convierte en un bálsamo para el mismo.
En los canales de Tortuguero fue rodada la película El Dorado, del director español Carlos Saura. Siguiendo con las connotaciones cinematográficas, recorrer estas espesas junglas en una barcaza le hace a uno creerse Humphrey Bogart y Katherine Hepburn navegando en la Reina de África. Al sur de Limón nos esperan todavía más sorpresas. Calmita es una de ellas. Se trata de un parque nacional que ofrece magníficas playas de arena blanca, cocoteros, selvas lluviosas, arreciles coralinos, áreas pantanosas y manglares. El Parque Nacional Cahuita posee el único arrecife coralino bien desarrollado del litoral costarricense. En el mundo del arrecife viven infinidad de peces de vivos colores, tiburones, morenas, tortugas, esponjas, erizos, camarones y langostas; un espectáculo submarino al alcance de todos aquellos que únicamente quieran ponerse unas gafas, unas aletas y un tubo para bucear en superficie.
A pesar de que en los últimos años ha crecido mucho turísticamente, Puerto Viejo es una pequeña y agradable población del cantón de Talamanca muy visitada por surfistas y viajeros jóvenes; el área situada al otro lado del arrecife recibe el nombre de la Salsa Brava, un lugar muy célebre por la magnitud de la ola. También, para los amantes de la naturaleza, es un lugar ideal por sus hermosas playas y por la proximidad del Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca-Man-zanillo y el Parque Nacional Cahuita. El ambiente que proporcionan sus pobladores y visitantes, invita a quedarse varado al menos un par de días ganduleando en Puerto Viejo, igual que la barca herrumbrosa que permanece perennemente anclada frente a la playa de arenas negras. Su población actual está formada por cuatro comunidades de distinto origen que aparentemente conviven sin dificultad: agricultores y pescadores negros de habla inglesa, indígenas cabecares y bribrís que viven en las estribaciones montañosas, ticos blancos llegados para atender los servicios turísticos, y gringos estacionados en el lugar que han montado un pequeño negocio para sobrevivir con poco esfuerzo. En Puerto Viejo se desarrolla gran parte de la trama de la novela Pura vida, de José María Mendiluce, que fue finalista del premio Planeta en 1998. No se pierda el viajero los saraos de calypso y reggae que se organizan cada fin de semana en el garito de Stanford’s, a la par que se mete entre pecho y espalda una suculenta langosta a la caribeña regada con abundante cerveza.

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Caribe

EL CARIBE Y LA REINA DE ÁFRICA
A tan sólo 20 kilómetros al nordeste de San José encontramos el exuberante Parque Nacional Braulio Carrillo, territorio de abruptas montañas tapizadas de vegetación, profundos cañones, ríos impetuosos y bosques nublados y lluviosos. Estas características adversas para la colonización son las que han salvado al Braulio Carrillo de la degradación. Afortunadamente hoy ya es un espacio protegido para el disfrute de las generaciones presentes y futuras, donde el 84% de su superficie es bosque primigenio. Es este un parque de gran espectacularidad escénica, con multitud de saltos y cascadas, las cumbres casi permanentemente cubiertas de densos bancos de niebla, y que puede ser contemplado con comodidad a lo largo de la carretera que lleva desde San José al Caribe. En ruta, se parará inevitablemente sobre el puente del río Sucio; sus aguas de color amarillento parduzco traen sedimentos de azufre y cobre procedentes del volcán Irazú; la desembocadura del límpido río de La Hondura contrasta fuertemente con las aguas del Sucio. Algunos kilómetros después se halla el acceso al teleférico del Bosque Tropical. Un vagón se desliza silenciosamente, durante 1.700 metros, por el dosel del bosque lluvioso, permitiendo contemplar la copa de los gigantescos árboles, así como multitud de musgos, lianas, heléchos y epífitas. Y aunque apenas se vislumbran animales -no se trata de un zoológico, sino de unos jardines colgantes- la visión es fascinante. Limón es el puerto más importante del país. Por sus instalaciones sale el café, el banano y la mayoría de los productos de exportación de Costa Rica. Ubicado en la zona central del litoral caribeño, un viaje a Limón será muy interesante para vivir la otra Costa Rica, la más deprimida, pero que por el origen afrocaribeño de la mayoría de sus habitantes -que hablan un peculiar inglés-, presenta un aspecto pintoresco e inusual. La costa está salpicada de hermosas playas pobladas de espectaculares cocoteros.
El Parque Nacional Tortuguero, situado en una de las zonas más lluviosas del país, es asignatura obligatoria en todo viaje a Costa Rica.

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Parques naturales de Costa Rica

Parque Braulio Carrillo
Situado entre los ríos Bebedero y Tem-pisque está formado por pantanos, llanuras que se inundan en la estación de las lluvias, lagunas salobres y dulces, manglares, y cerros calcáreos de baja altitud. Navegando el Tem-pisque es fácil avistar en las playas fluviales cocodrilos de hasta cinco metros de longitud, y las ramas de los árboles ribereños se cuajan de garcillas al atardecer. Desde Liberia, capital de Guanacaste, hay dos pasos hasta el Parque Nacional Rincón de la Vieja, creado para proteger la flora y la fauna en torno a los volcanes Santa María y Rincón de la Vieja. Parece ser que el nombre del parque y del volcán deriva de una leyenda de los indios guatusos, que aseguran la existencia por estos pagos de una vieja bruja que cuando se pone furiosa lanza bocanadas de humo por la boca. En los límites del parque han surgido en los últimos años una serie de albergues naturalistas, que facilitan la visita a los lugares más interesantes mediante excursiones a pie o a caballo. Amén de al cráter del volcán y a varias lagunas y cascadas, se llega fácilmente a la zona de Las Pailas y Las Hornillas, un paraje con fumarolas, lagunetas de agua caliente y volcancitos de barro donde el lodo burbujea permanentemente debido a la salida de vapores y gases sulfurosos.

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Rincón de la vieja

Este parque nacional, que lleva el nombre del volcán activo del mismo nombre, incluye, además de otros conos volcánicos, saltos de agua, lagunas,fumarolas y pailas de barro (arriba).

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Arenal, Costa Rica

En la vertiente caribeña de Monteverde se yergue altivo el cono perfecto del volcán Arenal, que en los últimos años presenta una notable actividad, con erupciones muy frecuentes. El 29 de julio de 1968 el volcán Arenal despertó después de varios siglos de permanecer inactivo, iniciando un nuevo período de erupciones que dura hasta el presente. Perecieron 78 personas y dos poblados, Tabacón y Pueblo Nuevo, fueron literalmente borrados del mapa. Tras tomar unos relajantes baños termales en el complejo del río Tabacón, nada mejor que alojarse en el Observatorio del Volcán Arenal, lodge restringido primitivamente a los investigadores vulcanólogos y hoy día abierto al turismo. Desde su segura ubicación se pueden contemplar con detalle, siempre que las nubes lo permitan, las erupciones del volcán. El Arenal ofrece al viajero la más impresionante experiencia de contacto con un volcán activo, con frecuentes explosiones de moderada intensidad que emiten gases, cenizas y bloques incandescentes. Del pequeño cráter velozmente entra en la atmósfera una nube de cenizas, al mismo tiempo que un retumbo estremece las entrañas de la tierra. El eco de este canto grave y seco se propaga por las montañas y valles de la región. Una lluvia de cenizas impregna los parajes circundantes. Del mismo cráter comienzan a salir los hilos incandescentes de las coladas de lava, a unos 1.000 “C, y que son adorno constante de la cima del coloso. Si las condiciones atmosféricas nocturnas lo permiten, la magnitud del espectáculo es infinitamente mayor. El vapor sobre el cráter se viste de un reflejo rojizo intenso, y las explosiones semejan increíbles fuegos artificiales que lucen de modo singular sobre la pantalla gris del cielo de la noche. Pocas son las personas que tienen la oportunidad en su vida de contemplar un espectáculo semejante. Guanacaste es la provincia menos lluviosa de Costa Rica, dedicada fundamentalmente a la actividad ganadera, y donde habita el sabanero, versión local del gaucho argentino que ha dado pie a toda una gama folklórica muy interesante. Lleva el nombre del árbol nacional de Costa Rica y su nombre, de origen náhuatl, hace referencia a sus frutos, que se asemejan a una oreja humana.
En la costa del Pacífico guanacasteco, entre Punta Mala y el cabo Velas, se desgrana un rosario de bellas playas donde se están desarrollando numerosos proyectos de infraestructura turística. Estas playas gozan de muchos días de sol gracias a la prolongada estación seca que se da en esta zona. Entre ellas destaca Tamarindo, un activo pueblo pesquero con una playa ancha de arena blanca y un estuario convertido en parque nacional marino. Por su oleaje y las condiciones del viento, Tamarindo es muy apetecido por los practicantes del surf. Tras violentas tormentas tropicales, juro haber visto aquí, concretamente en Playa Langosta, los atardeceres más espectaculares de mi vida. El Parque Nacional Marino Las Baulas de Guanacaste, de reciente creación, incluye playas, bosques y manglares. Fue creado para proteger especies animales en peligro de extinción, especialmente la tortuga baula, la tortuga marina más grande del mundo. La playa Grande de Tamarindo constituye uno de los sitios más importantes del planeta para el desove de esta tortuga; llegan a anidar por las noches, entre los meses de noviembre y abril, y la excursión nocturna, controlada y respetuosa, es una de las experiencias más emotivas de las que se pueden disfrutar en Costa Rica.

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Pacifico Costa Rica

Otra Costa Rica diferente nos espera a orillas del Pacífico. En avioneta o ferry atravesaremos el golfo de Nicoya para pasar unos días de descanso, intercalados con otros de actividad, en el hermoso complejo de Playa Tambor, a orillas de la bahía Ballena. Amén de visitar la reserva natural de Cabo Blanco, la excursión estrella de la zona son los mini-cruceros que navegan entre las islas del golfo de Nicoya, desembarcando la mayoría en la paradisíaca playa de la isla Tortuga. En realidad se trata de dos islas deshabitadas frente al Refugio de Vida Silvestre Curú y que reciben los nombres de Alcatraz y Tolinga. Sus playas de arena blanca, flanqueadas de cocoteros, son la antesala del paraíso. Los yates llevan música de marimba, y ofrecen durante la travesía ceviches de marisco y espectaculares bandejas de frutas tropicales. Desde la costeña ciudad de Puntarenas no dejará el viajero de acercarse a la Reserva del Bosque Nublado de Monte-verde. El pueblo de Monteverde surgió en 1951 por iniciativa de una comunidad cuáquera de Alabama que llegó a Costa Rica atraída por la vocación pacifista del país. Se establecieron en la región y se dedicaron a la producción de leche y quesos de gran calidad. Conscientes de la importancia que tienen los bosques nubosos en el mantenimiento de los cursos fluviales, convirtieron parte de sus propiedades en reserva forestal. En el bosque nuboso se pueden contemplar hermosos y exuberantes heléchos, musgos y gigantescos árboles, literalmenl e cubiertos de bromelias y otras epífitas, que hacen de estos parajes por donde se pasea la niebla un fantasmagórico bosque de brujas. Por estos bosques de Monteverde vuelan infinidad de mariposas y aves, entre ellas el mítico quetzal, y corren el tapir, el jaguar y el ocelote. Este enclave mágico puede ser recorrido cómodamente gracias a una red de pasarelas y senderos balizados.

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Plantación de arboles en Costa Rica

Durante la Segunda Guerra Mundial los norteamericanos fundaron en Cinchona una gran plantación de árboles para la obtención de quinina, alcaloide de la quina utilizado para combatir la fiebre. Para llegar a la plantación construyeron una carretera de grava desde el valle Central, ruta que después el gobierno de Costa Rica pavimentó y prolongó hasta Puerto Viejo de Sarapiquí. La cercanía de la Estación Biológica La Selva y de varios lodges naturalistas, hacen que Puerto Viejo se vea frecuentado por numerosos visitantes extranjeros. Muchos de ellos vienen a practicar rafting y otros se aventuran a llegar a Barra del Colorado y Tortugue-ro vía ríos Sarapiquí y San Juan, antaño escenario de las escaramuzas entre contras y sandinistas. Puedo asegurar que en tres horas de descenso por el Sarapiquí observé más fauna -monos, cocodrilos, perezosos, iguanas, aves- que en una semana de navegación en piragua por la Amazonia ecuatoriana. Otro volcán que se puede visitar cómodamente desde San José es el Irazú, situado sobre la ciudad de Cartago, próxima a la capital. Durante el último perído eruptivo, de 1962 a 1965, lluvias de cenizas fueron llevadas por el viento hasta la ciudad de San José; la materia volcánica ocasionó graves daños en la agricultura, la ganadería y la actividad industrial. Durante mucho tiempo los josefinos tuvieron que variar sus hábitos para protegerse de este fenómeno; debían caminar con paraguas y taparse con pañuelos para evitar la irritación; los vehículos circulaban a pleno día con los faros encendidos por las densas nubes de cenizas que tapaban la luz del sol, y muchos techos se derrumbaron por el peso de las cenizas acumuladas. La primera gran nube de cenizas cayó sobre San José el 19 de marzo de 1963 coincidiendo con la visita a la capital del presidente norteamericano John F. Kennedy; un mes después se habían recogido en San José 16 toneladas de cenizas, debiéndose barrer los tejados diariamente. Estados Unidos contribuyó con la aportación de máquinas quitanieves, que por primera y única vez en la historia hicieron su aparición en Costa Rica, pero con un uso muy distinto para el que fueron diseñadas. A pesar de que el cerro Chirripó -máxima altitud del país- alcanza la cota de los 3.819 metros, en Costa Rica, por estar en los trópicos, se desconoce el fenómeno de la nieve.
A 7 kilómetros de Cartago están los jardines Lankester, fundados por el botánico inglés Charles Lankester.

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Volcanes en Costa Rica

LA AVENIDA DE LOS VOLCANES
Volando desde Miami, el avión toma contacto con Centroa-américa en el cielo nicaragüense. A estribor, en la costa del Pacífico, se pone el sol dejando una dorada estela sobre el sereno espejo del lago de Nicaragua. A los pocos minutos se sobrepasa el río San Juan, entramos en territorio costarricense y se inicia el descenso hacia el aeropuerto de San José tras sobrevolar la cordillera Central.
San José no es una ciudad hermosa. Numerosos temblores acabaron con su patrimonio arquitectónico colonial. Sin embargo, y dada su altitud, goza de un envidiable clima primaveral, y es punto base para muchas excursiones imprescindibles. Recomiendo al viajero la visita de los museos del Oro y del Jade y del encantador teatro Nacional, considerado sin duda como el edificio más bello de Costa Rica. Sus orígenes se remontan a 1890, cuando la prima donna del momento, Adelina Patti, actuó en Guatemala, no pudiendo hacerlo en Costa Rica por falta de un teatro adecuado. Consternados los comerciantes y hacendados cafetaleros, ofrecieron al presidente Carlos Duran financiar la construcción de un teatro por medio de un pequeño impuesto voluntario que les gravara el café de exportación: 5 céntimos sobre cada arroba. El teatro Nacional fue inaugurado el 19 de octubre de 1897 con la representación, por una compañía de la Ópera de París, del Fausto de Gounod.
Junto al vestíbulo está el café del Teatro, agradable lugar para descansar en el centro de la ciudad y leer la prensa mientras se toma un café; el café de Costa Rica está considerado como uno de los mejores del mundo. Bien temprano, antes de que los vientos alisios traigan las nubes del Caribe que más allá del mediodía estallarán en una violenta tormenta tropical, conviene recorrer entre cafetales el valle Central y los faldeos del volcán Poás.

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Costa Rica

Fue en el año 1979 cuando, hallándome viviendo temporalmente en Madrid, tuve mi primer contacto visual con la realidad natural de Costa Rica. Frecuentaba a menudo el piso de unos amigos, cercano al puente de Legazpi, en cuyos anaqueles reposaban hermosos y variados libros. Gozaba un puesto de honor en aquella biblioteca un libro de espectaculares fotografías sobre los parques nacionales de Costa Rica. Mis ojos se abrían ante la visión de los volcanes Poás e Irazú; las selvas de Tortuguero y Corcovado; el desove de la tortuga lora en las playas del Parque Nacional Santa Rosa; ante la existencia, antes por mí ignorada, de un bosque tropical seco en peligro de extinción.
Trece años después, y ya metido en estos avatares de cronista viajero, viví varios meses en Costa Rica con objeto de escribir una guía sobre el país. Tanta información acumulada, tanta expectación contenida a lo largo de todo ese tiempo quedó minimizada ante la excelsa realidad de Costa Rica. Tengo la suerte de conocer la mayoría de las mecas turísticas y naturales de Iberoamérica: Patagonia y Tierra del Fuego, cataratas del Iguazú, Machu Picchu, isla de Pascua, islas Galápagos, Mato Grosso, Amazonia, ruinas mayas…

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