
Cómo llegar
Es imprescindible contar con vehículo propio. Para ir desde Ávila hasta Barco de Ávila, se toma la carretera N-110. Una vez allí, seguiremos por la pequeña carretera que, tras unos 10 kilómetros, nos deja en Nava de Barco.
Alojamiento
En Barco de Ávila, Hotel Manila y Hostal Bellavista.
Guias
Andar por la Sierra de Gredos. J. Lobo. Ed. Penthalon.
Guia botanica del Sistema Central Espanol. M. Lucerlo y P. Vargas. Ed. Pirámide.
Mapas
Mapa Topográfico del Macizo Occidental de Gredos. Cayetano Enriquez de Salamanca. Escala 1.50.000. Servicio Geográfico del Ejército. Mapa 76. Escala 1.50.000.
Escrito por admin en España

Fauna de montaña en la garganta de Galín Gómez
CUANDO EL INVIERNO Se inclina hacia su segunda mitad, es el momento de subir a las montañas del sistema Central en busca de las huellas que dejan los escaladores más audaces de las alturas castellanas. Las cabras monteses son los animales emblemáticos de estas sierras -no en vano, más de 9.000 ejemplares campan por la cordillera-, pero no los únicos: otras muchas especies comparten con ellas las soledades de las cumbres nevadas. Muy cerca del pueblo de Nava de Barco, en seguida veremos multitud de huellas que nos incitarán a desviarnos una y otra vez de nuestro camino. En esta zona es fácil encontrar rastros de comadrejas, conejos y zorros, además de las omnipresentes marcas que dibujan sobre la nieve los zancos de cuervos y cornejas. Otras pequeñas huellas de pájaro delatan la presencia del acentor común, el escribano montesino y el pechiazul, que se disputan las escasas zonas libres de nieve, donde buscan su alimento. Pero aquí todavía resulta raro localizar las huellas de la cabra montes, que prefiere las zonas más altas y aisladas. Para descubrirlas, tenemos que adentrarnos sierra arriba, en dirección a la laguna de La Nava, a la que llegaremos ascendiendo por el camino que pasa por la central eléctrica y sigue la garganta de Galín Gómez. A lo largo de la senda que nos lleva hacia la laguna descubriremos el rastro de las cabras y, con un poco de suerte, incluso podremos toparnos también con reducidos grupos de este herbívoro que, desaparecidos ya los lobos, tiene en el hombre a su peor enemigo.
Escrito por admin en España

Rigores invernales
Debido a su orientación, el Valle de Aran tiene un clima continental. Los vientos del norte provocan inviernos muy fríos, con heladas constantes.
Escrito por admin en España

El dibujo de las huellas
La calidad de la nieve es muy importante a la hora de identificar a los autores de las pisadas que encontraremos a lo largo de nuestros paseos. Las superficies heladas impiden que se dibujen las huellas con suficiente claridad. Al contrario, cuando la nieve está blanda, las pisadas se marcan bien, pero sus bordes aparecen desdibujados. Y si la nevada fue copiosa, o la nieve se ha ido acumulando hasta formar una gruesa capa, las huellas se convierten en profundos agujeros que no hay quien pueda reconocer. La superficie ideal para seguir rastros es la que proporciona una fina capa de nieve depositada sobre un sustrato duro y uniforme, como la caída a lo largo de una pista forestal. Por lo demás, sólo las huellas recientes permiten una identificación segura. Con el paso de los días, en efecto, los bordes de las marcas se van fundiendo y se amplían progresivamente. El resultado final es que parecen haber sido causadas por un animal mucho mayor. ¡Cuántas citas erróneas de oso ha propiciado este fenómeno!
Escrito por admin en España

Cómo llegar
Desde Lérida, carretera N-230 hasta Vielha. Justo a la salida de la capital aranesa está la localidad de Gausac, de donde parte la pista de nuestro recorrido. La compañía de autocares Alsina Graells realiza el trayecto Barcelona-Vielha.
Alojamiento
El Valle de Aran tiene una amplia oferta de hoteles y hospedajes rurales, además de dos albergues de la Generalitat de Catalunya. Se puede solicitar información en la Oficina de Turismo del Valle de Aran o en el Centre d’lniciatives Turístiques.
Guías
Valle de Aran, guia cartográfica. Ramón de Semir. Editorial Alpina. Incluye un mapa a escala 1:40.000.
Mapas
Instituto Geográfico Nacional. Mapa 148. Escala 1:50.000.
Escrito por admin en España

El Valle de Aran siempre está cubierto por una gruesa capa de nieve durante el invierno. Su situación en la vertiente norte de la cordillera pirenaica favorece abundantes precipitaciones, y también hace que cuente con una de las estaciones de esquí alpino más importantes del país. Por fortuna, el bullicio se concentra en áreas reducidas, y hay infinidad de rincones donde la tranquilidad es absoluta. El bosque de Baricauva, al lado mismo de Vielha, es un buen ejemplo. La extraordinaria humedad que reina en esta floresta de hayas y abetos ha creado una vegetación exuberante. En el suelo y sobre las rocas libres de nieve crecen grandes extensiones de musgo, y de los árboles cuelgan los liqúenes conocidos
popularmente con el nombre de «barbas de capuchino». Por entre ellos se mueve una multitud de animales, que dejan sus rastros para que podamos entretenernos en identificar huellas durante un buen rato. Cuando está cubierta por la nieve, la pista forestal que parte de Gausac es un buen lugar para observarlos. Las huellas más frecuentes son las de la ardilla, la liebre, el jabalí y el zorro, pero son muy visibles igualmente las de los tres grandes ungulados del valle: el corzo, que se mueve por los sotobosques más cerrados, el ciervo, más habitual en zonas de bosque abierto, y el rebeco, señor de las alturas. La fauna aérea es también muy variada, y aunque siempre es difícil observar aves en un bosque nevado, a lo mejor tenemos la suerte de avistar el gran pito negro, o pajarillos como el lugano o el agateador norteño, no por pequeños menos interesantes.
Escrito por admin en España

Cómo llegar
Desde Cisterna, carretera N-625, que sigue por el puerto del Pontón. De Riaño salen la C-635. hacia el puerto de Tarna, y la N-621, hacia el de San Glorio.
Alojamiento
Hotel Presa y Hostal Abedul.
Guías
Picos de Europa, la montaña de Riaño. P.G. Trapiello y J.M. Diez. Ed. Artec. Castilla y león. Colección «Guía Total». Ed. Anaya. Mapas
Instituto Geográfico Nacional. Mapas 80 y 105. Escala 1:50.000.
Escrito por admin en España

Aunque mucha gente suele asociarlo a los ciervos o los corzos, este grácil animal está emparentado en realidad con los antílopes y las gacelas. Es muy posible que la especie tuviera su origen en el norte de Grecia, y parece probable que en principio no fuera un animal ligado a las montañas. Seguramente se vio obligado a refugiarse en ellas debido a la creciente presión que los humanos ejercieron sobre su medio natural. Hoy, el rebeco es el verdadero rey de las montañas pirenaicas y cantábricas. Durante la mayor parte del año vive en las zonas más elevadas, pero las abandona cuando llegan las primeras nieves. Entonces, para protegerse de los rigores invernales, desciende hacia las áreas más abrigadas, y se refugia en los bosques de alta montaña que cubren las laderas de los valles. En los días más fríos, cuando nieva, hace viento o una gélida niebla envuelve el paisaje, los rebecos permanecen inmóviles, escondidos, somnolientos, economizando fuerzas, pero siempre atentos a cualquier peligro inesperado. La sociedad de los rebecos gira en torno a grupos formados por las hembras. En ellos sólo tienen cabida sus crías y algunos machos jóvenes. Los machos adultos llevan una vida solitaria, sólo interrumpida en otoño, durante la época de apareamiento. Entonces reúnen grandes harenes, de hasta doce hembras, que mantienen celosamente alejados de otros pretendientes. Los partos se producen en primavera, hacia el mes de abril, cuando todavía hay abundante nieve en la montaña.
Escrito por admin en España

Por las cumbres cantábricas en torno a Riaño
Las nieves del invierno realzan el escarpado paisaje de las montañas que rodean el pantano de Riaño. Los hayedos perdieron sus hojas a finales de octubre. En noviembre ya cayeron algunos copos sobre los crestones de la Peña Ten y el pico Gildar, que desde diciembre lucen el blanco manto traído por las masas de aire frío del norte. Ahora, entre nevada y nevada, cuando las nubes se abren y el tímido sol de invierno ilumina las montañas, sus inquilinos aprovechan para salir de las madrigueras y cobijos a estirar las patas y matar el hambre.
Entonces, caminar por pistas y puertos cortados al tráfico es la forma más cómoda y segura de constatar la presencia de los animales. Las huellas que han dejado en la nieve delatan dónde pasó la noche un grupo de ciervas con sus crías, o por dónde cruzó una familia de jabatos y jabalís. Sin salir del camino, se puede distinguir fácilmente el rastro dejado por los rebecos que bajaron de los peñascos en busca de pastos, o seguir los devaneos matinales del zorro, que vigila y marca de nuevo su territorio, tras varios días de abandono forzoso. No hacen falta largos recorridos para localizar las huellas. Basta recorrer las riberas congeladas del pantano, a los pies de los picos Gilbo y Yordas, o la amplia vaguada que se extiende en torno a Acebedo y Liegos, surcada por el río Esla. Si la capa de nieve lo permite, también se puede hacer una ligera incursión montaña arriba, hasta alguna de las remotas aldeas perdidas en lo alto.
Escrito por admin en España

UN CAMPANARIO ENTRE PINOS
De vuelta al canal, el viajero verá a lo lejos, compitiendo con las masas de los pinares, Fuentes de Nava, que se anuncia por la bellísima torre renacentista de la iglesia de San Pedro. Desde aquí, sólo le queda cruzar Abarca para llegar a Medina de Rioseco.
De no ser por su nombre («río seco»), la capital de Tierra de Campos parecería predestinada para crecer a orillas del agua. Conocida como la «ciudad de los Almirantes» por haber sido centro del Almirantazgo de Castilla, en Medina se dan cita todas las esencias castellanas. Desde la artesanía -cerámica, madera, mármol y bordados- hasta las fiestas y tradiciones, como la Semana Santa. Los amantes del arte y de la historia se encuentran a sus anchas en la villa: su plaza Mayor, de forma irregular y sorprendentemente alargada, el convento de San Francisco, la Rúa, bordeada por magníficos ejemplos de arquitectura popular, o la soberbia iglesia de Santa María de la Mediavilla, evocan un pasado glorioso. Y por si fuera poco, Medina cuenta con irresistibles tentaciones para los golosos, como unos dulces de hojaldre y crema llamados, ¡cómo no!, «marinas».
Medina respira hidalguía rancia. La misma que, si da marcha atrás en su camino, puede encontrar el viajero en cualquier lugar del tercero de los ramales que forman el canal: el que, entre Grijota y Valladolid, completa la Y con la que un día Castilla soñó llegar al mar. En Dueñas, pequeña villa palentina que se alza sobre los restos de un castro prerromano, la casona nobiliaria de los condes de Buendía pone una nota romántica en el recorrido, pues en ella contrajo matrimonio el rey Fernando el Católico con Germana de Foix, en 1506. Pero la fama del lugar se debe en mayor medida a otra noticia más dulce e insospechada. Muy cerca, a unos cinco kilómetros, se halla el monasterio de San Isidro de Dueñas, más conocido como La Trapa. El monasterio dio origen a una fabrica de exquisito chocolate que aún lleva su nombre -a pesar de que está ya totalmente desvinculada de la institución monástica.
A partir de aquí, el paisaje experimenta un cambio súbito: los valles del Cerrato ofrecen sendas más ásperas y ligeramente montañosas; como contrapartida, ponen un toque de verdor en el panorama. El canal, que apenas iniciada su andadura nos saludó con aires de historia en Frómista y se perdió luego en los tapices agrícolas del paisaje castellano, retoma aquí la senda de la historia, y nos lleva hasta la iglesia visigótica de San Juan de Baños.
Escrito por admin en CANAL DE CASTILLA,España