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La cultura de Balí

Una ceremonia en un templo de Bali no se asemeja en nada a un oficio religioso occidental. En éstos, la atención permanece dirigida a un punto, un acto, una oración. En Bali, ceremonia significa diversidad. Al mismo tiempo que el topeng actúa del otro lado de la calle con su gamelan, el alto sacerdote sigue su ritual en la plataforma por arriba de todos, y cada quien se mueve por el recinto del templo buscando su lugar. Pueden participar de una procesión llevando ofrendas a cada altar de los dioses, o ayudar en las cocinas que se mantienen activas durante la ceremonia, preparando alimentos para los invitados especiales. Los sacerdotes, los gamelan, y los bailarines, además de cualquier autoridad local en visita, serán brindados con una comida. Sin duda, en el menú habrá nasi goreng, el arroz frito.
Otro grupo de hombres y mujeres está sentado sobre el piso recitando mantras, mientras jóvenes vestidas de sarongs dorados y blusas de satín bailan la danza de legong frente a la puerta principal del templo, seguidas por muchachos que realizan la danza de los baris, los guerreros; mientras, en otro rincón, el maestro del teatro de sombra desarrolla su delicado ritual. Considerado como uno de los más sagrados actos de poder, el wayang kulit, o teatro de sombras, está presente en las grandes ceremonias. El dalang, el místico contador de historias, es el protagonista principal de esta otra expresión del arte sagrado balines. Como el alto sacerdote, él es capaz de permanecer horas sentado en su rincón, dando vida a cada uno de sus personajes con voces distintas y símbolos precisos. Lo acompaña otro gamelan que responde con puntuaciones musicales a sus gestos de director de orquesta. El es un erudito y su repertorio es inmenso. Empieza con las tradicionales epopeyas de la mitología hindú, el ramayana y el mahabarata, para adentrarse en cuentos de reyes y leyendas autóctonas. Todas las historias contienen simbolismos místicos y materiales que las hacen fuente de educación para los bali-neses. Como el pedanda, el dalang cumple su ritual con increíble concentración y no se distrae con ninguna otra actividad simultánea del templo. El representar el drama cósmico es un acto de magia en sí.
Es el final del día. Los inclinados rayos del Sol iluminan los coqueras al horizonte, y confieren una tonalidad especial a los arrozales detrás del templo. La ceremonia arriba a su fin. La gente llega para arrodillarse y sentarse delante de los principales altares y hacer sus oraciones individuales o junto con su familia y su grupo. Un sacerdote y su mujer están listos para bendecir con el agua sagrada, llena de fuerza divina recibida por los pedan-das. Cada quien lleva su canastilla ritual. Escogen pétalos de flores que acomodan entre las puntas de sus dedos, palmas juntas, para homenajear a los ancestros y a la divinidad. Las manos cumplen gestos devocionales, juntándose sobre la cabeza, delante del rostro, o a la altura del pecho. El sacerdote y su mujer echan una lluvia de agua a los presentes, que la reciben con manos abiertas y la reparten por el cuerpo simbólicamente. Tres veces se les ofrece el agua en sus manos que sirven de recipiente. Estas gotas son tomadas como un elíxir divino. El agua en Bali es considerada como una de las mayores dádivas de la madre naturaleza. ¡Sin ella no existiría la abundancia de vegetación y mucho menos, el arroz!
Conscientes de esto, viejos y niños, hombres y mujeres, se turnan para recibir la bendición esperada que contemplan con reverencia. ¡Y al final de su devoción, como prueba de su acto, para atraer buena suerte y abundancia, marcan su frente con granos mojados de arroz!

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El induismo en Balí

Los balineses profesan el hinduismo. Pero la religión originaria de la India toma una expresión muy particular en Bali. Cuando el hinduismo llegó a Indonesia, y en particular a Bali, se encontró con una religión nativa y con cultos ya bien establecidos. El hinduismo fue sobreponiéndose a estos, resultando en una integración de los dos. Bali quedó como la única isla esencialmente que ejerce el hinduismo en Indonesia, ya que el resto del país es musulmán, con minorías de
budistas y cristianos.
El hinduismo de Bali venera los mismos dioses que el de la India, la trinidad Brahma, Vishnu y Shiva. Los balineses también reconocen a un solo Dios Supremo, el Sanghyang Widi. No es venerado directamente, sino a través de los demás dioses que son, en realidad, sus manifestaciones. Hay gran cantidad de dioses y entidades puramente balinesas que rigen la vida diaria. Barong, y Rangda, su contraparte, son criaturas místicas regionales que representan el juego constante entre las fuerzas invisibles del Bien y el Mal. Cada pueblo tiene uno o más Ba-rongs para proteger a la comunidad. En ceremonias periódicas el Barong aparece luchando contra Rangda, la “bruja viuda”. Ella pierde, pero nunca muere, enseñando que las fuerzas de las sombras son necesarias para reconocer la luz, y que el sabio debe trabajar con esta polaridad. La teología balinesa es tan compleja, que exige la dedicación de toda una vida para comprenderla. Esta es la labor de los sacerdotes, en especial de los altos sacerdotes, los pedandas. Profundo estudioso del Agama Hindú, la tradición religiosa de Bali, el pedanda es el líder espiritual de la comunidad. No hay muchos pedandas, pues su formación representa mucha exigencia; por eso, son altamente considerados por todos, y sirven de puente entre el mundo sagrado y el mundo material. Los sacerdotes comunes, los pe-mangku, responsables por los templos locales, actúan como guías para las actividades religiosas diarias. Los llaman para consagrar una nueva casa, un negocio o el vehículo recién comprado. Encabezan procesiones a los lugares sagrados y recitan oraciones de sus congregaciones.
Sobre una de las plataformas decoradas está sentado el alto sacerdote. Desnudo de la cintura para arriba, su pecho decorado por un collar en el cual sobresalen puntas de cristales, el pedanda mantiene sus piernas cruzadas y la mirada fija. Sus manos se mueven con gestos rituales, agitan campanillas y seleccionan objetos sagrados. Por horas sigue así, pronunciando manirás, sonidos mágicos, en un ritual que sólo él entiende, y en el que se llena de poder divino con el cual prepara el agua sagrada esencial para la veneración del público. Cada templo guarda cuidadosamente sus aguas santificadas para bendecir a los que vienen a orar.

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Cultura de indonesia

El Pura Desa de Negari está hoy activo. Son las 11:00 de la mañana y hace mucho calor. Dentro y fuera del recinto del templo el movimiento se hace más intenso. Es una explosión de colores fuertes y brillantes en las sedas de las ropas, en las anilinas de las decoraciones, y en las ofrendas de frutas y de flores. La ceremonia empieza en una hora más, pero, desde ahora, del otro lado de la calle, un game-lan se está preparando. El gamelan es la orquesta tradicional balinesa y, de forma general, de Indonesia. Se compone de varios instrumentos de percusión con gongs, xilófonos de bambúes, el gangsa, barras de bronce suspendidas sobre bases de bambúes, así como tambores, flautas y otras percusiones metálicas. Una orquesta puede tener decenas de músicos todos sentados en el suelo en un lugar reservado para ellos. Los participantes del gamelan son responsables de marcar el ritmo musical de todas las celebraciones. Los balineses son tan aficionados a la música, que es frecuente oír sonidos de gamelan a cualquier hora del día en cualquier lugar de la isla. Para las grandes ceremonias es común tener varios gamelans.
Mientras los músicos se alistan, la gente se agrupa para mirar. Los niños llegan más cerca para ver instalar un par de cortinas como escenario de teatro, justo al lado del gamelan. Detrás de la cortina, dos sillas y una mesa esperan a los actores. Es el topeng, una de las presentaciones clásicas de la tradición balinesa, originaria del siglo XVI. Los actores-bailarines llegan con sus máscaras religiosamente envueltas en un mantel blanco. Son máscaras mágicas. Ellas toman vida cuando el actor las incorpora en su traje y manifiesta la historia que emana. Después de una larga preparación, meditaciones y oraciones, las cortinas se mueven. El gamelan empieza a tocar un sonido vigoroso y metálico que despierta la atención. Una cara aparece, gira hacia un lado y otro muy lentamente, con su mirada fija de máscara. El personaje cautiva a todos y de nuevo se esconde detrás de las cortinas. El gamelan se calla. Silenciosos, todos aguardan una nueva aparición. El topeng, como cada elemento que compone una ceremonia, es un acto ritual, un modo de entrar en contacto con los mitos y la sabiduría de los ancestros.
Del otro lado de la calle, el templo empezó sus actividades. El Pura Desa de Negari es un templo grande con varios altares, los principales viendo hacia el monte más sagrado de Bali, el volcán Agung, donde viven los dioses. El recinto del templo está lleno de gente. En las plataformas de piedra tallada, protegidas por techos, han depositado millares de ofrendas. Son flores, frutas, objetos tejidos y otros regalos para homenajear a los dioses. Frente a los altares principales, decoraciones hechas de harina de arroz y de otros elementos orgánicos, como el cuero y la grasa de chancho, son montadas en torres representando imágenes simbólicas del mundo sagrado balines. ¡ Verdaderas obras de arte cuyo valor estético impresiona a los humanos y, como es deseo de los artesanos, a los dioses también, pues a ellos les gusta lo bello!

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Isla de Balí

El camino de entrada al pueblo empieza a animarse con el movimiento de la gente. Altos bambúes decorados marcan el camino al templo. Pequeños camiones japoneses, los únicos que caben en las estrechas carreteras, llegan llenos de participantes de pueblos vecinos. En la torre de entrada al templo, por turnos, dos niños martillean, con ritmo incesante, la campana de madera, anunciando el evento.
Hay más de 3,000 templos en Bali, esto porque la isla está muy poblada, y porque en cada pueblo hay por lo menos tres templos. Este número no considera los templos y altares de cada familia, construidos detrás de toda casa en dirección al lugar donde los volcanes y la salida del Sol se juntan. Tampoco se consideran los templos en las plantaciones de arroz, de las fuentes naturales, o de los lugares sagrados. Así, una comunidad no estaría completa sin sus tres templos de base: el Pura Desa, Pura Puseh y Pura Dalem. El más importante es el Pura Puseh, el templo de origen, dedicado a los fundadores del pueblo y situado a la entrada, kaja, de la comunidad. En medio está el Pura Desa, dedicado a los espíritus protectores del lugar. Al otro extremo del pueblo, kelod, se ubica el Pura Dalem, el templo de los muertos.
Los templos pasan la mayoría de sus días vacíos para despertar en días de fiesta. Cada templo tiene una celebración por lo menos una vez al año. Un año balines es un periodo lunar de 210 días, con seis meses de 35 días. Cada 210 días es el cumpleaños del templo, y esta fecha, que varía para cada templo, es llamada de Odalan. Como existen un mínimo de tres templos en cada pueblecito, hay la seguridad de muchas fiestas en la comunidad por año; esto, nada más, para el Odalan. Hay, obviamente, otros motivos para ceremonias, resultando en que no hay semana sin una celebración en alguna parte. En realidad, parece que la isla vive un constante festival: ceremonias que pasan de un pueblo a otro reverenciando a la naturaleza y a los dioses que la mantiene viva.

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Isla de Indonesia

Alrededor todo es verde. Verde de todos los tonos: claro, oscuro, amarillo; verde seco o mojado. Estamos rodeados de campos de arroz. Nuestra vista se pierde en las plantaciones que se distribuyen en terrazas por las colinas. El ruido constante del agua de riego es la pista sonora del paisaje de sueños. Estamos en Bali, en el corazón de la mítica isla de Indonesia.
Bali geográficamente es una isla, pero sus habitantes viven como si estuviesen en un continente. En contra de la mayoría de los isleños, que dirigen su vida y su economía hacia el mar, los balineses son gente de tierra. Para ellos, las montañas son las moradas de los dioses; el mar, la de los espíritus inferiores. El hombre tiene su lugar en el medio, en los campos fértiles de vegetación abundante.
Temprano en la mañana, los hombres llegan a los campos de arroz. Son manchas de colores en el océano verde cortado por las palmeras. Con sus bastones van empujando a los patos, sus felices compañeros, que se preparan para un día más de fiesta en los arrozales. Allí, mientras los hombres trabajan, las aves se refrescan y se alimentan en las tierras inundadas, una escena clásica de la pintura balinesa. Todo es suave, natural, sin presión, sin choques; hay integración entre los elementos, y el hombre es uno más.
Los campos no están divididos. Cada familia es dueña de una o más parcelas de tierra de arroz, el sawah; cada una demarcada por diques e irrigada de tal forma que, de una plataforma, el agua corre para la otra, regando los arrozales continuamente. Los dueños forman un subak, el organismo comunitario agrícola que controla la distribución de las aguas de riego para todos sus miembros. Gracias a este espíritu de cooperación entre vecinos, han podido vencer los desafíos geográficos del cultivo en vertientes; hoy tienen la fama de ser los más eficientes cultivadores de arroz de toda Indonesia.
En terrazas, secas o mojadas, los hombres trabajan. Siembran, limpian o plantan los jóvenes bretones de arroz. El aire es caliente, la humedad hace brillar los cuerpos. Lejos, más arriba, están las terrazas amarillas y de color café. Es el arroz que está listo para la cosecha. Hombres y mujeres de la comunidad se reúnen para la labor. Cortan, separan, juntan los montones del cereal para después llevarlos al pueblo. La actividad del arroz es constante. No hay estaciones de cosechas, y las plantaciones producen dos veces al año. Una leyenda dice por qué los paisajes de Bali son eternos campos de arroz, donde las fases se entrelazan constantemente. Se cuenta que un grupo de reúnen para homenajear a los dioses. Veneran a las manifestaciones de Dios que representan el mundo del cultivo y, principalmente, del cultivo del arroz. Alrededor de un patio central hay pequeños altares montados sobre anchas columnas de piedras talladas en forma de un sillón o de una mesa vacía. Ese es el lugar de los dioses, quienes lo ocupan durante las ceremonias. El subak mantiene un ciclo de celebraciones. Los dioses participan de las fiestas, son entretenidos para luego proveer, con generosidad, la fertilidad del suelo, y la abundancia de cosechas.
En Bali, vivir es estar siempre conectando la tierra con el cielo, humanos con dioses. En cualquier rincón de la isla, a cualquier hora, hay alguna actividad sagrada. Diario las mujeres preparan ofrendas que depositan en los altares familiares de cada casa para invocar la protección de las divinidades. También dejan en el suelo ofrendas destinadas a los espíritus inferiores, para que no se enojen y molesten a la familia. Las ofrendas son objetos de arte efímeros, destinados a una vida de pocas horas. ¡En hojas de bananos o trenzados de paja, se hacen arreglos de flores, inciensos y, por encima, granos de arroz!
Hoy, en la región de Ubud, cerca de los arrozales del pueblecito de Negari, hay fiesta y ceremonia en el templo. Las mujeres en sus sarongs amarillos y dorados parecen princesas de cuerpos delicados, peinadas de moños con flores.

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