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Datos de paises escandinavos

Datos útiles
■ Monedas/Cambio: Cada país tiene su propia moneda: coronas suecas, noruegas y danesas. La equivalencia con el dólar varía entre 8 Cr./dólar en el caso de la corona danesa y 11 Cr./dólar para la sueca. En cada país hay que usar la moneda local y existen oficinas de cambio accesibles. El mejor cambio se consigue en las oficinas de Correo y en las terminales ferroviarias. Los cajeros automáticos entregan moneda local utilizando tarjetas internacionales. Las tarjetas de créditos son ampliamente aceptadas, inclusive por los taxis.
■ Transporte: Los vehículos circulan por la derecha. Hay subte y ómnibus en las tres capitales. No hay que hacer señas con el brazo para parar a un ómnibus: se detienen religiosamente en las paradas. Sólo se hacen señas a los taxis. Los boletos, al igual que en Buenos Aires, se pagan con monedas.
■ Propinas: No son obligatorias. A veces la incluyen en la factura. Con redondear el importe de la cuenta está bien.
■ Horarios: Los negocios cierran entre las seis y las nueve de la noche, inclusive en los shop-pings. Los sábados cierran más temprano y los domingos está todo cerrado todo cerrado.
■ Tax free: La devolución de impuestos al turista del orden de 15% al 20% existe del mismo
modo que en el resto de Europa modo que en el resto de Europa, con la excepción de Noruega (no integrada plenamente a la Comunidad Europea), que devuelve los tax en efectivo en las aduanas de frontera.
■ Valijas: Prácticamente no hay maleteros en los hoteles y los movimientos de equipaje están por entero a cargo del viajero. Algunas excursiones, como la nuestra, incluyen de forma específica el servicio de maleteros como un adicional.
■ Idioma: Cada país tiene su lengua: sueco, noruego y danés. Por suerte todo el mundo habla el inglés fluidamente.

Escrito por en Eslovenia capital,Noruega

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Visitando Noruega

Dejamos Bergen rumbo a Oslo, capital de Noruega, esta vez bordeando el fiordo Har-danger. En el trayecto pasamos por la cascada más alta del país, con su impresionante torrente en caída vertical. Es muy atractivo ver a los lados de los fiordos las múltiples descargas del deshielo. En ese trayecto visitamos una muestra de las curiosas viviendas de los lapones, literalmente “igloos” de tierra y pasto, donde ellos aprovechan para exhibir algunas de sus artesanías textiles y decorativas. Los lapones habitan el extremo norte de Escandinavia y se desplazan junto con las manadas de renos que constituyen su fuente de alimento e ingreso. El reno es un animal pequeño equivalente al venado, del que se aprovechan carne, leche y cuero.
Al atardecer -momento bastante impreciso ya que allí dura por lo menos dos horas- llegamos a Oslo. Su población (1.800.000 habitantes) concentra una parte importante de los 4.400.000 noruegos. Allí nos fue posible interiorizarnos mejor de las características tan especiales de la personalidad noruega; por ejemplo que los noruegos son los más nórdicos de los nórdicos: después siguen los suecos y finalmente los daneses, los más “contaminados” por el continente. La austeridad, laboriosidad y educación son sobresalientes, como otros tantos atributos de un pueblo muy civilizado: solidaridad, civilidad y patriotismo.
Arrasada por un incendio, Oslo fue reconstruida en piedra por el rey Cristian IV en 1624-La ciudad está asentada sobre el fiordo de Oslo y tiene el perfil marítimo típico de esos lugares. El viejo puerto Acker Brigge está reciclado al estilo Puerto Madero y es sumamente pintoresco, lleno de atracciones, negocios y restaurantes de cara a una marina poblada de estilizados veleros. También conocimos el más famoso de sus numerosos parques, el Vigelands-parken, de amplitud versallesca y donde se alinean, entre varias fuentes, cientos de esculturas que representan diferentes etapas y situaciones de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Son obra del escultor Gustav Vigeland que el Ayuntamiento de Oslo le encomendó a principios del siglo XX. Sobresale la escultura monolítica de granito de 14 toneladas, representando cientos de cuerpos entrelazados en una especie de ascensión al cielo de la condición humana.
La Galería Nacional tiene la mayor colección de arte noruego, sobre todo la sala dedicada a los impresionistas escandinavos, pero la gran atracción es la obra del expresionista Munch, en especial su mundialmente difundida pintura titulada El Grito. Los jardines del Palacio Real, abiertos al público, son un bálsamo en pleno centro de la ciudad. A la tarde, sentados en una de las muchas confiterías de la peatonal Karl Johans, nos quedamos largo rato contemplando el interesantísimo desfile de personajes locales: policía femenina a caballo, policía masculina en bicicleta, esl ili zadas rubicundas barrenderas con sus llamativos uniformes, bulliciosos grupos de compañeras de trabajo culminando a plena luz la jornada, barbudos de todo estilo, nórdicas deslumbrantes, parejas casi albinas con hijitos renegridos: en fin, para nosotros turistas, un verdadero deleite de “voyeurismo” urbano muy particular.

El trayecto final de nuestro programa fue el de Oslo a Copenhague, en un muy variado recorrido que iniciamos luego de desayunar en Noruega, almorzar a medio camino en Gotemburgo (Suecia) y llegar a Copenhague para la hora de la comida, tras un breve tramo final en ferry, desde donde avistamos el sombrío castillo de Hamlet. Pese al poco tiempo que estuvimos en Gotemburgo vimos que esta ciudad, la segunda en importancia de Suecia, muestra una gran actividad comercial y estudiantil junto a una familiaridad y calma casi pueblerinas, como vimos en las mesas de los que compartían el almuerzo cerca nuestro.

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Viajar a Noruega-Bergen, Oslo

Noruega -Bergen, Oslo
Los caminos de montaña, las cascadas y ríos pedregosos nos anunciaron un panorama diferente cuya plenitud imaginamos en el largo invierno, donde el ski tradicional y el de fondo están en su apogeo. En efecto, avistamos desde lejos el estadio de Hamar, sede de las Olimpíadas de Invierno del ’94, con el aspecto de un casco vikingo invertido. A la tarde paramos en el simpático pueblo de Lillehammer, centro invernal, donde nos alojamos en el hotel Radisson de la cadena SAS, presente en casi toda Escandinavia.
Al otro día fuimos al encuentro de los tan mentados fiordos noruegos, casi la atracción más importante de nuestro viaje. En el camino (de montaña), tuvimos la oportunidad de conocer la impresionante capilla medieval de Bergund, construida íntegramente en madera en el año 1150, mantenida intacta hasta el presente. En su extrañísimo diseño se mezclan símbolos vikingos y cruces cristianas. Finalmente entramos de lleno en el fiordo Sogne, el más extenso de Noruega, en un ferry que nos llevó varios kilómetros por el estrecho cauce flanqueado por increíbles montes, acantilados y cascadas. No obstante la imponencia del paisaje, quizás no llegue a emocionar del todo a chilenos y argentinos que atesoran fuertes experiencias patagónicas. Continuamos en bus hasta el puerto de Bergen, bordeando otro importante fiordo, el Oster, que pudimos visualizar desde el camino costero.
Cuando llegamos a Bergen, al atardecer y en la recorrida de reconocimiento que hicimos esa noche, nos dimos cuenta de que ese puerto era un lugar muy especial. Bergen está cargada de historia y personalidad. Fue capital de la antigua Noruega -Oslo recién lo fue a partir del siglo XIX- y es la “capital del bacalao”.
Bergen, al igual que Oslo, está bañada por la cálida Corriente del Golfo, por lo que no se hiela en invierno. Además está protegida del mar del Norte por una barrera de islas que otorgan a su puerto excepcionales condiciones de accesibilidad y seguridad. No es el caso de Estocolmo, donde el Báltico se hiela regularmente e interrumpe la navegación. Hay que aclarar que en Bergen llueve casi todos los días con chaparrones que no duran demasiado. En nuestro caso la estadística hizo una excepción, ya que tuvimos dos espléndidos días a pleno sol y una temperatura más que agradable.
El puerto viejo de Bergen, Bryggen, es extremadamente pintoresco por su colorido e historia. Tanto el barrio hanseá-1 ico como el mercado Je pescado nos deleitaron con sus características únicas y que merecieron su designación como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco. El museo del Viejo Bergen es un parque con plácidos jardines y anti-guas casas de madera transportadas al borde del fiordo. Entre ellas está la casa que habite) Grieg y el gazebo donde -dicen- se inspiró para la creación de su memorable Peer Gynt.
lisa misma larde, después de almorzar un suculento plato de bacalao, subimos en funicular al punto más alto de Bergen -640 metros-, cuya vista panorámica es espléndida y puede ser disfrutada desde la amplia tenaza de una confitería instalada en el lugar. Allí nos gratificamos con otra especialidad local: la repostería. El delicioso té suplantó a la comida de esa noche y nos fuimos a dormir temprano ya que al día siguiente madrugábamos otra vez.

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