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Por la calle Miodowa encaminaremos nuestros pasos hacia la Ciudad Vieja, fijándonos en los palacios e iglesias que nos salen al paso. El palacio Borchów (n°17-19) es conocido también como Palacio del Arzobispo (Palac Archybiskupi); construido y remodelado en el siglo XVIII en estilo neoclásico, es la residencia oficial del primado de Polonia y del papa Juan Pablo II cuando visita Varsovia. El Palacio Paca (n°15), construido en 1687 por van Gameren, alberga hoy las dependencias del Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales. Junto al palacio encontraremos la iglesia de los Capuchinos, obra también de van Gameren; contiene la Capilla Real (Kaplica Królewska), mandada construir por Augusto III para guardar el corazón de su padre, el rey Augusto II; en el siglo XIX, fue guardada aquí la viscera cardíaca del
soberano Jan III Sobieski, que venció a los turcos en la batalla de Viena; fue llamado “el Sabio” (Sobieski) porque, de forma inhabitual, estudió en la universidad de Cracovia. La calle Miodowa nos deja en las proximidades de la Plaza del Castillo (Plac Zamkowy), punto de entrada a la Ciudad Vieja (Stare Miasto), uno de los platos fuertes de toda visita a Varsovia. Recuerdo de nuevo al viajero que las maravillas que vamos a contemplar son fruto de la minuciosa reconstrucción efectuada tras la Segunda Guerra Mundial; para ello se utilizaron fotografías, grabados, e incluso cuadros de Canaletto, que había pintado detalladamente muchos rincones de la ciudad en algunos lienzos.. Preside la plaza la Columna de Segismundo III Vasa, erigida en 1644 en honor del rey que trasladó la capitalidad de Cracovia a Varsovia. Con su portentosa fachada rojiza, que cierra el flanco oriental de la plaza, el Castillo Real (Zamek Królewski) es un magnífico ejemplo de la arquitectura barroca. Su visita, total o parcial pues hay varias rutas, es muy recomendable. Aquí se instaló Segismundo III en 1596 tras el traslado de la capital. La reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial duró desde 1971 a 1988 y se realizó por suscripción pública, siendo sufragada principalmente por los polacos residentes en el extranjero. Hoy es un museo público y símbolo de la continuidad histórica de Polonia. Pueden visitarse algunas de sus trescientas dependencias. Anexo al castillo está el palacio Pod Blacha, que presenta una colección de medio millar de alfombras orientales pertenecientes a la fundación Teresa Sahakian, y considerada como una de las mejores del mundo en su género. Es un placer caminar por las calles adoquinadas, cerradas al tráfico, de la Ciudad Vieja, ejemplo del que debieran tomar nota los ediles de la mayoría de nuestras ciudades históricas. A sus aceras se asoman lo escaparates de artesanos, libreros y anticuarios, y acogedores restaurantes y cafés. Nada más agradable que escuchar una música de violines interpretada en una esquina por músicos callejeros. Por la calle Piwna llegaremos a la Plaza del Mercado de la Ciudad Vieja (Rynek Starego Miasta). Justo antes de llegar hay un ensanchamiento de la calle Pierska conocido como el Zapiecek; estamos en el antiguo Mercado de los Pájaros, donde en el suelo hay una placa que recuerda que la Ciudad Vieja de Varsovia es, desde 1980, Patrimonio Cultural de la Humanidad. La plaza, que mide 70 por 93 metros, está flanqueada por hermosas casas y tiene una larga historia como centro de la vida pública de la ciudad. En su centro se encuentra una de las estatuas dedicada a la Sirena, símbolo de la ciudad, y que hasta hace poco estaba ubicada junto a la muralla. Con la llegada del buen tiempo, la plaza se puebla con las mesas y sillas de las cafeterías próximas, los pintores exponen sus cuadros, y en ella esperan los coches de caballos (dorozkas) que llevan al visitante de paseo por las bellas callejas de la ciudad antigua.

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Muchos de los grandes hoteles de la ciudad están ubicados en el barrio de Centrum, en las proximidades de la estación Central (Warszawa Centralna). No le habrá pasado, por tanto, desapercibido al lector la imponente mole del Palacio de la Cultura y de la Ciencia (Palac Kultury i Nauki), construido entre 1952 y 1955 como regalo de amistad de la Unión Soviética y fiel a la arquitectura del realismo socialista que inspiró a los rascacielos moscovitas. Hasta la caída del muro de Berlín se llamó Palacio Stalin, y dada su estética, los varsovianos lo conocen jocosamente como “el pastel de bodas ruso!’. Hoy día es sede de varias instituciones, los museos de la Técnica y de la Evolución, cines, teatros, restaurantes, oficinas, una librería y un club nocturno; en su salón de congresos se celebraban los del Partido Comunista, acogiendo en estos tiempos conciertos y festivales, como por ejemplo el Jazz Jamboree, un festival internacional en el que han tomado parter algunas figuras legendarias de la talla de Louis Armstrong o Ray Charles. Existe en Varsovia la polémica entre los que propugnan el derribo del edificio, por las connotaciones históricas que tiene, y otros que prefieren aprovechar sus instalaciones y dejarlo ahí tal cual está. Lo cierto es que el viajero termina acostumbrándose a su perenne presencia, y puede ascender hasta el piso treinta para disfrutar de una estupenda panorámica de la ciudad y sus alrededores. A la calle del Mariscal (Marszalkowska) se abren las Galerías Centrum, un centro comercial con restaurantes de comida rápida, y donde se concentran las tiendas de las grandes marcas internacionales de moda. Detrás, en la calle Szpital-na, para desayunar o para un tentempié, está la Confitería Wedel que, ubicada en un bello edificio, conserva todavía
su decoración original, que data de principios del siglo XX. Camino de la Ciudad Vieja, y admirando numerosos edificios y palacios de estilo neoclásico, pasaremos por la inmensa explanada de la plaza del Teatro, que antes de la guerra era el corazón de Varsovia. En su lado Sur se levanta el Gran Teatro Nacional (Teatr Wielki), considerado como el coliseo más grande de Europa. Fue construido entre 1825 y 1833 siendo arrasado durante la Segunda Guerra Mundial. Próximo al teatro, en la Plac Pilsudskiego, se alza el Monumento al Soldado Desconocido (Grób Nieznanego Zol-nierna); en sus pilares están inscritas todas las batallas libradas por los soldados polacos a lo largo de su historia. En la columna central de la parte trasera se lee: “Somosierra 30-11-1808; muchos españoles nos hemos enterado ahí que la

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