Guilin en China
Durante el vuelo empezamos a apreciar el paisaje que, con sus ríos y montañas es maravilloso. En chino, Guilin significa bosque (Un) de laurel (gui), por los árboles que hay de esta especie. Guilin es una ciudad pequeña ( 250.000 habitantes) y un importante núcleo cultural, ya que durante la guerra contra Japón, la ciudad fue refugio de intelectuales. Sin embargo, no tiene muchos monumentos históricos, y basa su atractivo y gran parte de su economía en su fantástico paisaje. En Guilin es inexcusable un crucero por el río Li (Lijiang). Durante los 83 km de travesía se admira el paisaje que baña la rivera del Li: montañas calcáreas casi verticales. A lo largo del recorrido se ven rocas que imitan figuras, y que los poetas chinos, expertos en semejanzas, han bautizado como “Mujer esperando al pescador”, “Dragones saltando al agua”, “Colina de los nueve caballos”, etc. Un aspecto interesante del crucero es la vida de los habitantes del río: pescadores con balsas de bambú, niños bañándose, cormoranes, mujeres lavando y los bueyes de agua, tan útiles para el campo. Al atardecer acaba el crucero en el pueblecito de Yansou, donde vale la pena pasear por los mercados que se despliegan al atardecer. Pero sin duda el principal atractivo de Guilin es su paisaje; la ciudad tiene numerosos lugares de gran interés, como la Colina de la Belleza Solitaria, con la Cueva de los Mil Budas (aunque sólo tiene 300). Entre ellos destaca uno mayor que el resto, al que trae suerte tocarle el ombligo. A la salida de esta cueva está la Cueva de la Perla del Dragón, menor que la anterior.
Luego merece la pena subir a la cumbre de la colina, ascendiendo 274 escalones, generalmente bajo un sol de justicia. Más al norte y bañada por el río Lijiang está la colina Fuposhan, con una campana y una gran olla donde, dicen, podrían comer mil chinos. Fuera de la ciudad está la Gruta de la Flauta de Caña (Ludiyan), una cueva caliza con estalactitas y estalagmitas de curiosas formas, por lo que recibe el nombre de “Palacio de las Artes Naturales”, aunque sólo la imaginación china puede bautizar las formaciones como “Ciempiés espantado al ver su imagen reflejada en un espejo” o “El palacio de la emperatriz”. En definitiva, un lugar para recordar que me dejó maravillado.
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