Tag Archive 'Nueva Zelanda turismo'

Alojamiento en Nueva zelanda

Nueva Zelanda cuenta con gran variedad de alojamientos, todos ellos de una gran calidad. Desde los bien equipados refugios de montaña para los amantes del trekking hasta los lujosos hoteles, además de albergues juveniles (YHA), una densa red de albergues
privados para mochileros (backpackers), moteles bien situados, posibilidad de estancias en granjas y Bed-and-Breakfast, así como campings y zonas de acampada libre.

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Invierno en Nueva Zelanda

Mi país son dos grandes islas y un sinfín de islas menores e islotes del océano Pacífico, en el hemisferio austral del mundo. Volcanes y campiñas, geiseres y glaciares, fiordos y cumbres de nieves perpetuas, playas mediterráneas y bosques semitro-picales; un país de paisajes múltiples, pero siempre verdes. Un país joven, grande y vacío, que nunca decepciona al viajero.
Empezad por el frío sur. Allí tenéis un escenario de proporciones monumentales: Fiordland, la tierra de los fiordos. Si navegáis por ellos,
os adentraréis entre altas montañas de laderas vertiginosas; alrededor vuestro nadarán los delfines, y en las rocas podréis ver focas y pingüinos, que allí anidan en octubre. Si recorréis a pie sus senderos, lo haréis bajo una lluvia y una niebla casi perennes. Son ellas las que convierten la comarca en una umbría verde de vahos densos y contornos vagos, las que la empapan de vejez y misterio. Los retazos de bruma se enredan en las laderas, los árboles parecen no tener edad, y los liqúenes se mecen en las ramas como grandes barbas. La humedad llora y es una carcoma que roe troncos, ramas y rocas.

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Paisajes de Nueva Zelanda

Los primeros pobladores maoríes la bautizaron Aotearoa, el «País de la Larga Nube Blanca». Tiene volcanes humeantes, más altos que los Pirineos, glaciares inmensos que penetran en la misma selva, lagos espectaculares y ríos transparentes, donde las grandes truchas nadan a su antojo. En sus recortadas costas hay es-tremecedores entrantes, en los que se resguardan ballenas y cachalotes.
Debido a su lejanía -ocupa los antípodas de la península Ibérica-, el archipiélago permaneció al margen del mundo hasta hace sólo unos mil años. Así, protegidas de las influencias externas, diferentes especies animales y vegetales, auténticas reli quias de la prehistoria del planeta, sobrevivieron a las exigencias de la evolución. Algunas han llegado hasta nuestros días, convirtiendo Nueva Zelanda en un laboratorio irrenunciable para botánicos y zoólogos. Una de estas especies, el kiwi, un sorprendente pájaro medio ciego, se ha convertido en el emblema de un país orgulloso de su diferencia.
En total, el archipiélago se extiende a lo largo de 1.600 kilómetros, de norte a sur. Tiene una superficie similar a la de Japón o Gran Bretaña, pero sólo está habitado por poco más de tres millones de personas. Conscientes de su alejamiento físico de todo y de todos, los neozelandeses han aprendido a valerse por sí mismos. La agricultura y la ganadería continúan siendo, todavía hoy, sus principales actividades económicas, y los rebaños de ovejas tienen una presencia constante en el paisaje.
La población blanca, hija y nieta de granjeros, de origen anglosajón en su mayoría, ha empapado la vida del país con un espíritu de tolerancia y progresismo. Como consecuencia, Nueva Zelanda es hoy una edificante referencia de integración racial y respeto por el medio am-1 biente. Pero son los maoríes, los primeros habitantes del archipiélago, quienes le aportan su verdadera identidad. Marginados durante más de un siglo, los maoríes han recuperado por fin un merecido protagonismo, mientras se adaptan a la modernidad sin renunciar a sus creencias. Su sistema de valores, basado en la cohesión de la comunidad, inspira hoy al moderno Estado neozelandés.
Multirracial, vitalista, esperanzador ejemplo de convivencia en los antípodas, Nueva Zelanda afronta el cambio de milenio con la certeza de quien ha encontrado su lugar en el mundo.

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Viajes a Nueva Zelanda

Era un tema pendiente. Por eso, cuando dos amigos nuestros, Jaume Bartrolí y Paco Po, volvieron de Nueva Zelanda explicando maravillas, no dudamos. Inmediatamente nos sentamos en una mesa con un montón de libros, mapas y preguntas, y empezamos a planificar el dossier. ¿Qué queremos contar del país? ¿Qué aspectos son los que nos interesan verdaderamente a los viajeros? Desde luego, la naturaleza avasalladora, sus volcanes humeantes, las costas con sobrecogedores entrantes de agua, los bosques primigenios… Pero también la existencia de dos culturas bien definidas, la anglosajona y la maorí, que se esfuerzan por crecer juntas sin anularse. Su experimento progresista de convivencia. Aproximadamente por las mismas fechas, recibimos una entrañable carta de un lector de Valladolid. En ella, Javier Uberuaga nos explicaba su viaje durante dos años por el archipiélago. Pareció caído del cielo: sin duda, era la persona idónea para elaborar los apartados más prácticos del dossier. Le propusimos el trabajo, y se mostró encantado por compartir su experiencia, por contarnos ese montón de cosas útiles que sólo un viajero sabe que le interesan a otro. Después vino la búsqueda de imágenes, la preparación de los mapas, los contactos con asociaciones y autores neozelandeses, y las semanas de dedicación intensa. El resultado lo BK  tenés en las manos. También la montaña de ilusión que hemos depositado en él.

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