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Polonia

Polonia

Si se la mide por el valeroso empeño de su pueblo para preservar la identidad nacional, Polonia siempre ha sido inmensa. Pero en muchos momentos de su historia, esa heroica nación ha sido tratada como botín de guerra, de tal modo que, en cuanto a sus dimensiones geográficas se refiere, ha sido a veces grande, a veces pequeña… y a veces ni siquiera ha existido.
En efecto, al comenzar el siglo XVIII, Polonia era una de las naciones más extensas de Europa, y también una de las más cultas y prósperas. Sin embargo, al terminar el siglo, no existía más que en los corazones de sus hijos. Y es que el destino ha sido cruel con Polonia. Codiciada por sus vecinas más poderosas, se ha visto atrapada a lo largo de los siglos en la interminable pugna entre las potencias que la flanquean por el Este y el Oeste. Ha sido, en este sentido, como el niño que se disputaban las dos mujeres ante el sabio rey Salomón.
Polonia es unánimemente reconocida como la nación más católica del mundo, a pesar de que hace treinta y tres años que es gobernada por los comunistas. La foto de la página opuesta recoge el episodio de María Magdalena, parte de la representación de la Pasión de Cristo que tiene lugar cada Semana Santa en la localidad de Kalwaria (al sudoeste de la ciudad de Cracovia). A esta procesión —cuyo inicio se aprecia en la foto superior— acuden anualmente más de 150 mil peregrinos de toda Polonia, y su ruta ha sido minuciosamente trazada conforme al plano de la antigua ciudad de Jerusalén. En la foto de la izquierda, indiferentes a la lluvia, un grupo de peregrinos escuchan a un sacerdote.
Pero Polonia no tuvo, como la criatura bíblica, la suerte de que una de las partes que se la disputaban renunciara a ella para poder preservar su integridad. Por el contrario, las naciones que ambicionaban expansionar sus fronteras a su costa —principalmente Rusia y Prusia (hoy Alemania)— llegaron a un punto en su rivalidad que decidieron acelerar el desenlace. Y, para ello, no hallaron mejor expediente que el de hacer jirones el territorio polaco, repartiéndoselo —sin subterfugios ni eufemismos— hasta borrar literalmente del mapa a la desventurada nación.

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Varsovia turismo

Por la calle Miodowa encaminaremos nuestros pasos hacia la Ciudad Vieja, fijándonos en los palacios e iglesias que nos salen al paso. El palacio Borchów (n°17-19) es conocido también como Palacio del Arzobispo (Palac Archybiskupi); construido y remodelado en el siglo XVIII en estilo neoclásico, es la residencia oficial del primado de Polonia y del papa Juan Pablo II cuando visita Varsovia. El Palacio Paca (n°15), construido en 1687 por van Gameren, alberga hoy las dependencias del Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales. Junto al palacio encontraremos la iglesia de los Capuchinos, obra también de van Gameren; contiene la Capilla Real (Kaplica Królewska), mandada construir por Augusto III para guardar el corazón de su padre, el rey Augusto II; en el siglo XIX, fue guardada aquí la viscera cardíaca del
soberano Jan III Sobieski, que venció a los turcos en la batalla de Viena; fue llamado “el Sabio” (Sobieski) porque, de forma inhabitual, estudió en la universidad de Cracovia. La calle Miodowa nos deja en las proximidades de la Plaza del Castillo (Plac Zamkowy), punto de entrada a la Ciudad Vieja (Stare Miasto), uno de los platos fuertes de toda visita a Varsovia. Recuerdo de nuevo al viajero que las maravillas que vamos a contemplar son fruto de la minuciosa reconstrucción efectuada tras la Segunda Guerra Mundial; para ello se utilizaron fotografías, grabados, e incluso cuadros de Canaletto, que había pintado detalladamente muchos rincones de la ciudad en algunos lienzos.. Preside la plaza la Columna de Segismundo III Vasa, erigida en 1644 en honor del rey que trasladó la capitalidad de Cracovia a Varsovia. Con su portentosa fachada rojiza, que cierra el flanco oriental de la plaza, el Castillo Real (Zamek Królewski) es un magnífico ejemplo de la arquitectura barroca. Su visita, total o parcial pues hay varias rutas, es muy recomendable. Aquí se instaló Segismundo III en 1596 tras el traslado de la capital. La reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial duró desde 1971 a 1988 y se realizó por suscripción pública, siendo sufragada principalmente por los polacos residentes en el extranjero. Hoy es un museo público y símbolo de la continuidad histórica de Polonia. Pueden visitarse algunas de sus trescientas dependencias. Anexo al castillo está el palacio Pod Blacha, que presenta una colección de medio millar de alfombras orientales pertenecientes a la fundación Teresa Sahakian, y considerada como una de las mejores del mundo en su género. Es un placer caminar por las calles adoquinadas, cerradas al tráfico, de la Ciudad Vieja, ejemplo del que debieran tomar nota los ediles de la mayoría de nuestras ciudades históricas. A sus aceras se asoman lo escaparates de artesanos, libreros y anticuarios, y acogedores restaurantes y cafés. Nada más agradable que escuchar una música de violines interpretada en una esquina por músicos callejeros. Por la calle Piwna llegaremos a la Plaza del Mercado de la Ciudad Vieja (Rynek Starego Miasta). Justo antes de llegar hay un ensanchamiento de la calle Pierska conocido como el Zapiecek; estamos en el antiguo Mercado de los Pájaros, donde en el suelo hay una placa que recuerda que la Ciudad Vieja de Varsovia es, desde 1980, Patrimonio Cultural de la Humanidad. La plaza, que mide 70 por 93 metros, está flanqueada por hermosas casas y tiene una larga historia como centro de la vida pública de la ciudad. En su centro se encuentra una de las estatuas dedicada a la Sirena, símbolo de la ciudad, y que hasta hace poco estaba ubicada junto a la muralla. Con la llegada del buen tiempo, la plaza se puebla con las mesas y sillas de las cafeterías próximas, los pintores exponen sus cuadros, y en ella esperan los coches de caballos (dorozkas) que llevan al visitante de paseo por las bellas callejas de la ciudad antigua.

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